Cómo llegar al otro lado del barranco…

Publicado: 28 abril 2012 en Sin categoría

JOVEN MUJER SE SUICIDA

CUERNAVACA, MOR. (AP).-  Los números se igualaron y el pronóstico se cumplió. El cuerpo deshecho de una  mujer fue encontrado en el patio de una de las casas del Centro Histórico de Cuernavaca alrededor de las 9 de la noche, hora centro.

Testigos afirman haber presenciado el momento en el que Elsa Jaramillo López, nombre con el que fue registrada su estancia en el hotel Oxford Expresss, subió al balcón de la habitación en donde se hospedaba, para posteriormente lanzarse hacia el despeñadero ubicado entre las calles Independencia y la carretera estatal del municipio.

Según el informe perital,  al interior del cuarto 504, en el cual pasó la noche del  pasado viernes; sólo se encontraron dos maletas con ropa y algunos papeles escritos, pero ninguna identificación oficial que permita dar con el paradero de la víctima. La policía espera el reclamo del cuerpo que, de no ser identificado durante las próximas 24 horas, será llevado a la fosa común.  Este caso representa el número 23 de la cifra que es igual al mismo tipo de muertes del año pasado.

QUERIDOS PADRE, MADRE Y HERMANO:

Lo lamento, he decidido dejar de voltear al cielo.

Todo sucedió después de estas vacaciones que de la nada y por todo, se convirtieron en el terror de mi existencia.

He comprobado que en este mundo, al que por amor se viene, no hay nada ni nadie que valga la pena; es por eso que saltaré para llegar al otro lado del barranco.

Lo decidí cuando, después apagar el televisor, caminé hacia el balcón de mi cuarto y miré al  otro lado de la brecha del precipicio que está junto al hotel. Allá, a lo lejos, hay una casa hermosa pintada de blanco y verde lima.  En ella un grupo de personas ríen y bailan con singular alegría. Volteé hacia mi cuarto, solo y oscuro, toqué mi vestido favorito sobre el cuerpo y sentí el correr de las lágrimas sobre mi cara. Fue cuando supe que algo estaba mal.

Yo se que siempre me pavonée diciendo que todo lo que llega a la vida es por algo y, que bueno o malo, cuenta de antemano la pena sólo por el hecho de haberlo vivido … Pues, me he equivocado.

Descubrí que las personas que habitan de este lado del barranco, no tienen nada que ofrecer y no les importa  saberlo. Que mientras tus ojos estén puestos en lo bueno de la gente, el cuerpo se queda vulnerable para ser usado a su provecho, como un capricho  al estilo propio de los irracionales que comen  y se regocijan en la carne del otro. Beber y reír, reír sin sentido para  pretender que son felices. Es tristeza por lo que decido hacer esto.

Ustedes no tienen la culpa, puesto que ejemplificaron de mejor forma la manera en que la sociedad perra enguye la sangre de los que son y se saben diferentes y a golpes los intenta redimir. Porfavor no lloren, les aseguro que no me arrepentiría  y nadie hubiera podido hacer algo.

Las personas de esa casa siguen soñando a que son felices juntas y eso es mucho mejor que estar bien conmigo, aquí, sola. Saltaré y llegaré a ese otro lado que siempre he visto de lejos. Quiero ser parte de ellos,  por eso, cerraré los ojos, abriré la boca y vaciaré mi alma. Me dejaré caer hacia la frivolidad que enmarca su existencia.

Quiero decirles que yo los amo y lamento no estar en aquellos momentos importantes de su vida. Si puedo, prometo visitarlos de vez en cuando.

Las luces de la casa se apagaron ya por completo y sólo se alcanza a ver la silueta de una pareja que parece abrazarse con impaciencia. ¡Ja¡ el “amor”, como todo lo que habita de este lado del barranco, no ha sido otra cosa más que un espejismo y estoy cansada de eso. Lo lamento pero ya no puedo más.

Porfavor cuiden a Patrañas como si fuera suyo.  Mamá no lo pierdas y dale de comer todos los días.

Con  amor

E. J.

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Sé que estos últimos días han estado  de terror. Tanto que a veces pienso que ni los buenos días pueden compensar todo este daño que nos hemos hecho el uno al otro. A  pesar de eso, hay algo que nunca te he dicho. El día que te acercaste a consolarme, ese día incluso antes de que me miraras tuve un atizbo. Te juro por mi padre que es lo más sagrado en mi vida que sin conocerte, sin haber entablado más que una sola conversación contigo, al mirarte caminando por la orillita del edificio, por mi mente pasaron imágenes tan irreales para mi en ese momento que cuando hoy las recuerdo me dan risa.

Me ví viviendo contigo en una casa hermosa, con un patio gigante y verde en donde tú y yo jugábamos con un niño. Cuando terminé de ver eso sonreí y me dije a mi misma -Qué loca idea, qué irreal, ese cabrón ha de ser casado-  En eso me viste, te acercaste y bueno, lo demás es historia. Cuando  empezamos a salir, cuando me fuiste a buscar a la fiesta de Sara la verdad no lo podía creer. Es momento de confesarte que yo a esa fiesta no estaba invitada, es más no sabía de ella hasta que tú me dijiste que tenías pensado ir. Investigué el lugar y me autoinvité. Para ser sincera, Sara y yo no somos tan amigas como esa noche te dije. Es mi colega y la respeto. Algo en este universo me puso en esa fiesta, pero ella no fue.  Al final de la noche, cuando te marchabas no me quise ir contigo porque quería que te quedaras con ganas de mi, con ganas de volverme a ver y no porque quisiera estar con mis amigos como te dije. Ahora que me pongo a pensar, desde que te conozco y tuve esa visión que te digo he maquilado friamente todas las cosas para que tú, una por una descubrieras mis cualidades y te enamoraras de mi.
En ese momento, yo te veía grande, hermoso y muy próximo a lo perfecto. Lo único que te faltaba en la vida era alguien que materializara en palabras lo que sentías y pensabas, alguien que pensara al mismo tiempo que tú y fuera tu espejo de emociones. Alguien como yo.
Basta, no me veas con esos ojos ni me malentiendas, no es que yo haya sido una arpía, manipuladora y mentirosa. Nada de eso. Es simplemente que desde que tú llegaste a mi vida siempre supe lo que yo quería contigo. Yo te quería para el resto de mi vida. Quería llevarte de compras, de viaje, a comer, a cenar, a bailar, a la playa,  a tocar timbres de casas y echarnos a correr. A todo. Lo quería todo y lo quería contigo.

A mí, siento que me duró muy poco el sueño. Si por mi fuera me hubiera encerrado en tu casa para amarte diario durante años y no solamente ese mes. Es más, hubiera podido gritar a los cuatro vientos que desde ese día y para siempre ibas a ser el dueño de mis gerundios: “Andamos saliendo y cogiéndonos cariño” .  Un día desperté de ese sueño que los dos creamos juntos para sólo verlo desbaratarse.
 
Hoy de esa que te quiso tanto solamente queda la mitad. La otra mitad se la vive pensando sobre lo que dice su mente. Que tienes cuarenta, que si a esa edad los hombres casados son cabrones, los que son “libres” son más culeros, que me utilizas como bote de basura de tu ego, que no has hecho más que mentirme todo este tiempo.

Amor, no soy estúpida. Sé que piensas en otra y que hasta hace poco todavía se lo dices.  Yo creo que enterarme o imaginarme eso terminó con el trocito de tu corazón que te quedaba en mi cuerpo, el otro se hizo polvo después de escucharte decir – Tú y yo algún día vamos a terminar- -Vamos a disfrutar esto hasta que dure-  ¿Hasta que dure? pensaba. Hasta que dure qué si yo te quería para siempre.
 
Es tarde, estoy cansada y ya perdí la razón de esta serie de confesiones. Quiza quise dejarte ver que en esta relación los dos hemos mentido. Yo te mentí, te mentí hasta el pinche cansancio con tal de verte a mi lado cuando pensaba que me querías. Mentí cuando te dije que ya me sentía mejor al llegar a verte al Coyote cuando en realidad el dolor de cabeza me estaba matando. Mentí cuando te dije que estaba bien coger sin condón. Que no había pedo cuando ahora no tienes idea de cuanta sozobra tengo al respecto. Mentí cuando te dije -Bueno, no te preocupes, ahorita veo cómo lo resuelvo- cuando en realidad quería decirte -Te necesito, no seas culero y ven a prestarme varo porque perdí mi cartera y no he comido-.  Mentí, mentí y mentí y no tienes idea de cuanto me arrepiento porque si yo te hubiera dicho -No puedo ir al Coyote, me siento muy mal, me duele mucho la cabeza- yo ahora no sentiría coraje porque cuando yo te invité a la fiesta de mis amiguísimos de años dijiste -No puedo estoy cansado-.  
Ayer frente a la ventana pensé algo muy cagado. Yo vivo aterrada de la soledad. Le tengo pavor. Odio a la chingada soledad y si por mi fuera llenaba mi casa de perros con tal de no vivirla. Es irónico que siendo tu novia tantas veces me haya sentido tan sola.
Lo que yo te propongo, no es que seas mi amante. La verdad es que no eres tan bueno en la cama. Propongo que seas mi amigo y mi free. Ser tu novia ahora para mí significa ser la imbécil crédula. La que no se quiere, la poco orgullo, la pendeja. Sentir que soy eso último es un lujo que en este mundo yo ya no me puedo dar.
Me he asomado a tu lado oscuro y me quedé prendada. A veces para que esto que nos pasa no me duela tanto, recuerdo ese atizbo que te platico y me digo a mi misma -Por algo pasan las cosas-. Me gusta imaginar que ese día llega, me gusta imaginar que todavía nos queremos.

Soy cobarde, la peor de todas

Publicado: 14 noviembre 2010 en Sin categoría

Aún recuerdo,  todo pasó en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos. La luna estaba muy alta, demasiado como para alcanzarla, así que bastaba con sólo mirarla e iba  mirándola cuando alguien me dejó ciega. Eran casi las tres y media de la mañana, me encontraba a punto de salir del trabajo. Mi madre no estaría esperándome en el callejón como otras veces. Estaba tan cansada que no sé cómo tomé valor para caminar, no sabía cómo defenderme, escuche mil veces la misma historia y mil veces la negué, porque a mí no me pasaba. Pero en ese segundo entendí el trasfondo de todo: Los seres humanos borramos de la cabeza aquello que no nos gusta. Todos los nombres pasaron por mi cabeza. Las muertas se abrían paso en mis ideas marchando tan lenta y fugazmente: sus cuerpos, las notas de periódico, sus ropas carcomiéndose en el desierto… Y de pronto Carmen saltó de la fila de las almas en batalla. Ella, Carmen, era mi mejor amiga, a quien creí malagradecida con sus padres, a la que pensé en una noche huyendo con su novio. Pero ahora formaba parte de las filas del ejército de a los que se les extraña; fue entonces cuando comprendí que ya no volvería a mi trabajo, ni a ver a mi familia; que por ser mujer tenía que cerrar los ojos orar en silencio esperando un milagro. Y pensar que el estúpido gobernador de Chihuahua nos tachaba de putas ¿Puta yo? Si lo único que hacía era trabajar, obedecer a mi madre que me aconsejaba no casarme ni tener novio. ¡¡Putas!! así nos dicen. Se me vino a la mente la niña de 5 años ¿Acaso también ella era puta? Tenía un prostíbulo en el jardín de niños o qué. El tiempo fue egoísta… y se detuvo. No pude contar los minutos, me bajaron del auto casi a tientas y caminé con un arma sobre mi cabeza. Sus voces mostraban gozo al verme caer y levantarme tambaleante por lo débil. Una voz ordenó –Alto- y me detuve como cachorro asustado. No sé en qué me senté esperando el fin, pero no. Ellos seguían su ataque y me levantaron a patadas, una cuerda sostuvo mis manos y mi rostro quedó cubierto por una bolsa de plástico, me tiraron en la arena aún caliente, donde me retorcía de dolor. Me quedé quieta escuchando como mi respiración desvanecía.

Una voz dentro de mí dijo -Quiero que me perdones si alguna vez he dejado correr deprisa el silencio. Es necesario morir en un rincón en donde esté a salvo de la pena. Pasan los días, las semanas, meses y años; todo es el mismo recuadro. Una muerta y los sonidos son imperceptibles, como en el bosque, comienza a ser ahogada la luz de una vela.

He escuchado tus más diminutos gritos y no puedo, no sé como decirlo. Soy culpable, quizá en la muerte sepa encontrar al verdadero asesino. Posiblemente allá deje de tener miedo y pueda apuntarlo. Aquí no puedo oír, mirar, ni decir me han infundido temor y soy cobarde, la peor de todas, por no poner alto al fin de tus sueños, mis sueños-.

Ya estoy muerta y aún así soy juzgada.

 

Después de una década, los asesinatos suman ya más de 300 y las desapariciones de mujeres más de mil.  México es el único país en el que se mata sistemática y continuamente a mujeres jóvenes con torturas, incluida la violación y mutilaciones por el sólo hecho de tener cuerpo de mujer.

La vida es un estado mental.

Así cuando necesites reconocimiento, verás followers.

Cuando fallaste en tus decisiones, fueron los otros quienes te pusieron en jaque.

Cuando no pudiste perdonar, huyes.

Cuando eres incapaz de amar, te ilusionas con lo más lejano que encuentras.

Cuando lo real no te satisface, te alimenta lo virtual y la fantasía…o cuidar gatos ajenos.

Y cuando te han roto el corazón, en vez de unirlo y guardarlo, vas por la vida repartiéndolo en mil pedazos.

La vida es un estado mental, les digo

EMEEQUIS

Publicado: 2 agosto 2010 en Acá

Que se quede el infinito sin estrellas

Hoy fui al Foxys Bar de la Zona Rosa.

Caminaba por la calle de Amberes con ganas de nada, sin oficio ni beneficio y con una pena muy grande, de esas que sólo puedes hablar en confianza con desconocidos.  “Éntrale reina” me dijo el de Seguridad de la puerta. No pasaban las diez de la noche.

-Yo nada más quería conocer- fue la frase ganadora que disculpó mi osadía con uno de los dos Capitanes del lugar, el que me recibió y me dio sitio en una de las mesas del antro casi vacio.

-¿Qué te voy a traer?- decía mientras me lampareaba la carta.

Abrí los ojos cual platos “No, pues no, es que yo nomás traigo cincuenta pesos” balbuceé frente a una lista de costos exorbitados:

Chela 100 pesos,

Brandy 200, 

Refresco de a 80 … “Esteemmm sólo tráeme agua, porfa”. Sonrió.

-Mira amiga, no te preocupes, la primera  te la doy de cortesía- dijo hacia la nada, mientras se levantaba del asiento para dirigirse a la barra.

La música no difería mucho de cualquier otro antro de perdición y muerte zonarosence: mezcla electrónica de esas que a la media hora te incitan a golpearte la cabeza contra las paredes. La diferencia es que, al ritmo de ese punchis-punchis acosador  bailaba una viejota semidesnuda sobre una especie de plataforma con un tubo en cada extremo, una trigueña de cabello corto y vestido repolludo que se paseaba de un lado a otro de la pista dejando en cada vuelta una prenda de ropa,  para – al final-  quedarse solamente en un par de estas: FOTO AQUÍ .

El ambiente se sentía pesado. Sólo tres de cien mesas ocupadas, meseros desesperados por servir, teiboleras listas para sentarse en las piernas de cualquier wey con varo, Capitantes listos para madrear borrachos, en fin … Era mucho domingo y había muy poca gente.

A los tres minutos, dos nenas de poca ropa se sentaron muy cerca de mi mesa, “éste es el momento” pensé mientras me acercaba a ellas.

-¿Ustedes trabajan aquí? – Sonreí mientras me sentaba a su lado.

– Yo sí, flaca, ella no ¿Quieres trabajar aquí?- Y se me iluminó la cara.

-Si pero no bailando, nunca podría quitarme la ropa con tanto gusto, tengo estrías- contesté con cara solemne. Rieron.

-Mira, si quieres le hablamos a uno de los Capitanes y le dices-  Sin dejarme pronunciar una sola palabra más, se voltearon a gritarle a un gordito que no pasaba de los treinta años y los ochenta kilos -Con él, mira- decía una mientras seguía a la otra hacia el baño.

El gordito se sentó a mi lado. Silencio.

– Quiero trabajar, pero no de teibolera ¿De qué más tienes trabajo? – Dije viéndolo directo a los ojos para no distraerme con la música a todo volúmen y la cadencia de la dominicana buenísima a quien le tocaban sus tres canciones de fama.

-Pues puedes trabajar de Hostess, el chiste es meter al lugar  tres clientes por noche, tu turno es de ocho horas; si metes a cuatro  se te pagan cien pesos más de los trescientos cincuenta que se te dan por los viajes-.  Fingí que contaba.

– Y ella por ejemplo ¿qué hace? – Dije señalando a una chava que fácil tenía mi edad. Resaltaba en el antro porque, a diferencia de las otras ocho mujeres que ya llevaba contadas en el Foxys (dos de las cuales reían falsamente sobre las piernas de un fulano muy parecido al Chómpiras),  ella estaba vestida de traje sastre negro y camisa blanca.

– Aaaahhh, ella es boletera, se llama  Blanca – dijo el gordito mientras la señalaba  … “DiezTreceDiezTrece, voy”, simuló que hablaba por su radio apagado, se levantó y se fue.

Mientras, en la pista teiboleril,  Elixir nos deleitaba con un bonito baile al ritmo de My Heart Will Go On pero sin el extrapunch de la cara diarréica del Di Caprio.

Cada que una teibolera bajaba del escenario, se daba una vuelta entre las mesas para ofrecer el servicio Viaje a las Estrellas durante una canción y termine jalándosela en el baño …  mejor conocido como Privado. La chamba andaba floja y todas terminaron sentadas  en la mesa del rincón más próximo a la barra, unas con otras charlando amenamente y juntando sus trikes para largarse.

 A decir verdad, esa era la mesa más animada. Cada vez que se anunciaba una teibolera nueva, las otras siete, cual porra del América gritaban y vitoreaban la hazaña de trepar con diez centímetros de tacón y cinco copas encima los ocho escalones del estrado.  Ya para ese momento, todos éramos hijos de Dios ahogados por el mismo humo apestoso de antro.

Mientras tanto, Blanca – la boletera-  me contaba sobre su romance  con el Capitan. De cuando en cuando le tomaba a su copa  de Torres 5  y me decía lo fácil que era ser teibolera: “No te creas, no es tan difícil y no están tan bien hechas, deberías verlas con luz en el baño”. Risas.

Me la estaba pasando bien y había dejado mis penas nadando en las copas de cortesía 2 y 4 que el novio de Blanca me había servido a manera de agradecimiento por estar platicando con su nena, dejándolo a él cotorrear a gusto con la hostess en turno.

La música parecía no acabarse, aunque la canción que estaba ya la habían puesto dos veces. Ya nadie bailaba y las ocho teiboleras reunidas en una mesa convitaban y reían como grandes amigas. En el antro quedaban dos clientes, uno de ellos dormido sobre la pista de baile, agarrando con una mano el tubo y con la otra una botella Corona.

Fue entonces cuando una duda asaltó mi mente. La única, la más importante que jamás me haya trastocado el seso:

– ¿De qué hablan las teiboleras, Blanca?- susurré a la indiscreta proveedora de cortesías.

– No sé, de si está frío el tubo tal vez-  Dijo viendo de reojo a la zorrihostess que acompañaba a su Capitanazo. Fingí que pensaba.

Con ganas de no quedarme con ganas me levanté de la silla. Las cortesías 3 y 5 me hicieron el mandado. Crucé el lugar vació, me paré detrás de la mesa del rincón teiboleril y traté de escuchar: “…y entonces me dejó salir”  balbuceó una lady de faldita fluorescente, mientras las otras reían. Justo en ese momento, el borracho dormido sobre la pista tomó su segundo aire, se levantó y fue a estrellar su inmensa barriga en la puerta de cristal templado. El lugar entero río mientras dos lo arrastraban hacia afuera. 

Como quien no quiere la cosa, caminé hacia el baño. Una señora teibolera charlaba con una señorita teibolera:

-Hoy no hubo casi gente, chaparra, pero por lo menos no me voy con las manos vacías- lloriqueaba quitándose el corset melocotón con encaje.

– Pues si mana, por lo menos-  decía la otra con las pestañas en la mano.

Salí.

El lugar ya estaba por cerrar, no sé cómo ni cuándo se me habían hecho las dos de la mañana ahí.

-Ya me voy, Blanca.  Muchas gracias por las cortesías- dije al dar la última mirada al lugar.

Fue entonces cuando descubrí aquello que ningún mortal haya podido;  eso que los hombres se platican  unos a otros en las pijamadas como cuento de cuna antes de dormir y las mujeres fingimos suponer cuando alguien nos dice que a laprimadeunamiga le va bien como stripper; algo que yo jamás creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos:

Las teiboleras no platican de nada; solamente se besan entre ellas con un dejo de pasión en los labios, vistiéndose unas a otras para salir del antro.

“¡¡¡Maldita sea,Victor Miguel!!!”.  Tomé mi dignidad y azoté la puerta.

Todo ha terminado .

Y se hizo de noche, y como siempre salgo a llorarle a la Luna. Poco me basta para recapitular todo lo que siento: Desdén, tristeza, soledad.

Y en la caminata, recuerdo paso a paso cómo es que llegué ahí, cómo es que amé tanto.

<< Apenas tenía quince años cuando lo conocí, seguramente jamás olvidaré la forma en que se presentó “Yo soy Víctor y tengo 17 años”.  Fue como si dos círculos cóncavos de la nada se convirtieran en algo misterioso, sus ojos me invitaban a poseerle.

Al otro día de conocerlo se organizó una kermés. Luego de un día eterno buscándolo a tientas, apareció de la nada,  me tomó de la mano y dijo – “¡Ven , vamos a casarnos!” –  sonreí como nunca lo había hecho. Así empezó todo: Yo vivía para amarlo y él vivía para no saberlo.

Y coleccioné su vida en momentos, todo aquello tocado por sus manos era cuidadosamente guardado en una caja que se convirtió en mi nuevo tesoro: Cenizas de  cigarro, un dulce regalado, envolturas de paleta que comía, el vaso que uso la primera vez que fue a mi casa, poemas escritos en servilletas, cartas sin entregar  y un sin fin de valiosa basura. No sé si lo sabía o si tan siquiera lo imaginaba, pero al final, a mi poco me importaba  eso.  Él era lo más lejano y platónico que  tenía en las manos.

Pasaron los meses y nuestras salidas se hicieron cada vez más frecuentes, obvio acompañados de por lo menos dos  amigos más, que hacían difícil la tarea de verlo a hurtadillas, sin que alguien jodiera con el ya conocido partehuevos “IIUUU… ¡Ya te viiiiiiii!”.

Pronto tuve que dar explicaciones; entre balbuceos y sollozos articulé en palabras todo lo que sentía y lo resumí: Magia. Jamás me había enamorado así, nunca había deseado tanto ser dueña y señora de alguien; pero la realidad se encarnizaba: Nada indicaba que fuera recíproco. Nunca sería mío, pero la distancia que separa del objeto de pasión, a veces alimenta la esperanza remota de poseerlo.

Un buen día, después de tres años de amarlo sin respuesta, se le ocurrió preguntarme si alguna vez me había enamorado: “Sí , pero seguramente jamás me hará caso”.   Me sorprendió cuando dijo  – ¡Qué inmadura , seguramente estas enamorada de un niño bonito, creído además, que no piensa nada más que para verse al espejo! –

Lejos de darme risa por la ironía de la vida,  sentí  un vació grande: La decisión estaba tomada, esto tenía que terminar sin ni siquiera haber comenzado.  Cerré mi caja no sin antes escribir la última frase: “Y sin embargo, se mueve….” y casi casi escuché cómo Galileo se retorcía en su tumba al enterarse  de que su  famosa frase, con la que  se fanfarroneó al escaldio público, para mi sólo significaba una cosa: Que aún lo amaba. >>

Regreso  a mi casa, alcanzo a ver a alguien en la puerta. No me engaño, es él: Amar es resumirlo todo con una mirada. No hace falta un perdóname, entre nosotros ya todo está dicho.

Enero, 1998.