Vacaciones de terror

Publicado: 22 noviembre 2012 en Sin categoría

Estaba yo en una de las millones de albercas que tiene Cuernavaca, pensando en que lo único que faltaba en mis vacaciones de Semana Santa para ser auténticas Vacaciones de Terror, era el elemento kitch de una muñeca diabólica. Fue ahí cuando reconocí que los hijos de puta del mundo no van a desaparecer. Nos han invadido y se apoderaron de cada rincón de este sucio planeta (que se está quedando sin agua, por eso me engolo disfrutándola en una de las millones de albercas de Cuernavaca)  y lloré.

Me di cuenta de que en nuestros días, el flojito y cooperando ya no está dando resultado factibles y me alarmé  *respira*.  Ahora, me muevo entre la disyuntiva de aplicar el  si no puedes contra ellos, úneteles, o cógetelos o abandona el barco. al más puro estilo del Titanic Di Caprio Sálvese quien pueda.
Mi convicción, mi pasión y mi deseo anhelan fingir que tu caballo de Troya no trae consigo fuego, desolación y muerte. Es más, mi deseo se sentiría complacido de leerte sus selección de obras  frente a mi pasión, que siempre ha tenido ganas de  catar el vino prometido que ofreces, ensalzado con la historia de mi vida. Aún así, debo confesarte lo siguiente.
No creo contárselo nunca a  nadie: de hecho, si en este momento no me sintiera Sor Juana escribiéndole a Góngora con pluma fuente, ésta anécdota no tocaría jamás el teclado: Cuando terminaba de sentir el desencanto del que te hablo, volteé a ver al cielo y había una nube que con mi precaria imaginación y tan sólo una cerveza en mi haber, parecía una especie de Kronos devorador de espíritu que se estaba comiendo a la Luna!!! Fue cuando lo supe. Jonathan, algo nos está engullendo.
Mi convicción me dice que tortuga reconoce tortuga y sé que entiendes de lo que estoy hablando porque casi puedo escuchar las 5000 veces que te han dicho: “Eres raro” o “Jonathan, ¿por qué no eres un niño normal?” y si las juntamos con las mías, armamos la vaquita.
Ni siquiera porque Dios quiere, aquí hace días que no llueve, me siento defrauda de la naturaleza vil del ser humano (Rousseau no sé en qué estaba pensando). Lo lamento, así es. Es por eso que no había podido contestar y que la respuesta ahora sigue sin quedar clara (como la cerveza), porque en este momento no se si puedo sobrellevar saber si me equivoco con otra tortuga o si a esta tortuga le interesa ser tortuga o si a esta tortuga ya se la comieron; lo único que si sé es que yo también espero que Dios provea y pronto.

T.

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