“Y sin embargo, se mueve….”

Publicado: 20 mayo 2010 en Bajo el narcótico llamado Luna

“¡¡¡Maldita sea,Victor Miguel!!!”.  Tomé mi dignidad y azoté la puerta.

Todo ha terminado .

Y se hizo de noche, y como siempre salgo a llorarle a la Luna. Poco me basta para recapitular todo lo que siento: Desdén, tristeza, soledad.

Y en la caminata, recuerdo paso a paso cómo es que llegué ahí, cómo es que amé tanto.

<< Apenas tenía quince años cuando lo conocí, seguramente jamás olvidaré la forma en que se presentó “Yo soy Víctor y tengo 17 años”.  Fue como si dos círculos cóncavos de la nada se convirtieran en algo misterioso, sus ojos me invitaban a poseerle.

Al otro día de conocerlo se organizó una kermés. Luego de un día eterno buscándolo a tientas, apareció de la nada,  me tomó de la mano y dijo – “¡Ven , vamos a casarnos!” –  sonreí como nunca lo había hecho. Así empezó todo: Yo vivía para amarlo y él vivía para no saberlo.

Y coleccioné su vida en momentos, todo aquello tocado por sus manos era cuidadosamente guardado en una caja que se convirtió en mi nuevo tesoro: Cenizas de  cigarro, un dulce regalado, envolturas de paleta que comía, el vaso que uso la primera vez que fue a mi casa, poemas escritos en servilletas, cartas sin entregar  y un sin fin de valiosa basura. No sé si lo sabía o si tan siquiera lo imaginaba, pero al final, a mi poco me importaba  eso.  Él era lo más lejano y platónico que  tenía en las manos.

Pasaron los meses y nuestras salidas se hicieron cada vez más frecuentes, obvio acompañados de por lo menos dos  amigos más, que hacían difícil la tarea de verlo a hurtadillas, sin que alguien jodiera con el ya conocido partehuevos “IIUUU… ¡Ya te viiiiiiii!”.

Pronto tuve que dar explicaciones; entre balbuceos y sollozos articulé en palabras todo lo que sentía y lo resumí: Magia. Jamás me había enamorado así, nunca había deseado tanto ser dueña y señora de alguien; pero la realidad se encarnizaba: Nada indicaba que fuera recíproco. Nunca sería mío, pero la distancia que separa del objeto de pasión, a veces alimenta la esperanza remota de poseerlo.

Un buen día, después de tres años de amarlo sin respuesta, se le ocurrió preguntarme si alguna vez me había enamorado: “Sí , pero seguramente jamás me hará caso”.   Me sorprendió cuando dijo  – ¡Qué inmadura , seguramente estas enamorada de un niño bonito, creído además, que no piensa nada más que para verse al espejo! –

Lejos de darme risa por la ironía de la vida,  sentí  un vació grande: La decisión estaba tomada, esto tenía que terminar sin ni siquiera haber comenzado.  Cerré mi caja no sin antes escribir la última frase: “Y sin embargo, se mueve….” y casi casi escuché cómo Galileo se retorcía en su tumba al enterarse  de que su  famosa frase, con la que  se fanfarroneó al escaldio público, para mi sólo significaba una cosa: Que aún lo amaba. >>

Regreso  a mi casa, alcanzo a ver a alguien en la puerta. No me engaño, es él: Amar es resumirlo todo con una mirada. No hace falta un perdóname, entre nosotros ya todo está dicho.

Enero, 1998.

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comentarios
  1. Necio Hutopo dice:

    No lo captaste, estaba haciendo un ejercicio de autrocritica

  2. Flowers dice:

    OHPORDIOS i love it! Me gusto mucho, sobre todo por que es tan real. Yo lo hice U_U a mi me pasó.

  3. Ismael dice:

    Me gustó, he hecho me gusta todo lo que escribes, te conocí por emeequis y ahora eres lo mejor que me ha pasado en toda mi twittera vida.

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