Prohibitio causa delecti est

Publicado: 9 noviembre 2009 en Bajo el narcótico llamado Luna, jodeeer¡¡, La niña normal...que no soy, La parte de adelante

ALERTA: Post terapéutico U.U Aléjese.

Dicen los grandes que el desparpajo sensual del mexicano viene de tiempo atrás. Es un hecho que la mezcla de razas que hubo en la  Nueva España, no pudo haber existido sin una libertad erótica suprema, acallada por las buenas consciencias como libertinaje.

La nobleza española llegó para conquistar. Algunos cuerpo, otros alma. No importa, todos obtuvieron un reino que fue el legado para sus hijos bastardos: el regocijo en el placer prohibido, transgresor.

Si a mi me pusieran a escoger, sin duda sería la amante de Sor Juana Inés de la Cruz o Juana Ramírez, la poeta de Nepantla, como adoran llamarla; su sensibilidad y la forma en que la monja traspasó paredes para condensar almas, me ha tenido siempre extasiada.

Como la mujer de su tiempo que fue, Juana nunca pasará de moda (como Madona pero del barroco, ¬¬ ok, no); los sonetos que escribió suenan tan vigentes hoy más que nunca ante la incertidumbre que es el amor en nuestros días; hoy cuando entre el amor y el enamoramiento no hay más que un monitor, hoy que tan sólo se necesitan unas cuantas palabras y un nimio avatar para dibujar en tu mente la idea del ser amado hecho a la medida.

Como la conocedora de las pasiones humanas que fue, Juana Inés supo delinear en “Que contiene una fantasía contenta con amor decente”  esa idea de la que les hablo, a la que cualquier amoroso se aferraría, la imagen por la que se suicidó Rilke y gracias a la cual ardió Troya: “La imagen del hechizo que más quiero”

La imagen del hechizo que más quiero y eso parece retumbar en los oídos mientras escribo; ahí la vigencia de Sor Juana y la gravedad del lenguaje que tiene la novela cortesana en los diálogos de Tristán e Isolda: han sabido condensar en líneas la asquerosa dulzura de una pasión desbordada.

Esa especie de amor, muy distinto al que la civilización se ha empeñado en concebir por siglos, el de Sor Juana, el de Dante e incluso el de Paz. Un amor neoplatónico, un amor que asciende del cuerpo al alma, incluso más allá. Una especie de dolor punzante y de espera eterna, en donde el ser amado es libertad y reconocimiento, al tiempo en que es angustia y fatalidad. Conviene apuntar que su imagen nunca dejará de ser un espejismo para dejar entrever harto narcisismo de por medio.

 

Os quiero….a ratos.

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comentarios
  1. Kyuuketsuki dice:

    Oh si, ser amante de Sor Juana. Esa es de mis fantasías mas recurrentes. No solo me permitiría echarme al plato a una monja (otra fantasía recurrente) sino que sería una de las mujeres más bellas e inteligentes. Yummi.

  2. nita soriano dice:

    Actualización. Nueva dirección de mi bló: nitasoriano.blogspot.com

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